El pasado 27 de diciembre estuve con mi amigo Josito cenando en el mítico Sacha para celebrar su vuelta por Navidad a Madrid y sobre todo, ¡por nuestra amistad!

El restaurante es un pequeño bistró francés situado en una diminuta calle peatonal que sale de Juan Hurtado de Mendoza, razón por la que  No es fácil de encontrar ya que está escondido detrás del Ruballat, antiguo Cabo Mayor.

Aquí el verdadero protagonista es su chef: Sacha Ormaechea y gran responsable del éxito de este restaurante donde conseguir una mesa se antoja tarea cada vez más complicada. Y no es de extrañar ya que “Cuando el buen hacer y la experiencia coinciden en la misma persona, dicen que surge la maestría. Y así es, como lo demuestra el hecho que Sacha sea uno de los pocos cocineros que se atreven con pescados como el jurel y la raya, y la verdad es que los borda!

El local está decorado en un estilo clásico, con tonos azules y blancos, paredes llenas de cuadros y un aire al París de mitad de siglo. De hecho, son más de 30 años los que lleva en la cumbre y, sin duda, es el lugar de Madrid que cuenta con mejores críticas de los grandes cocineros de su competencia.

Las sillas de enea son comodísimas y las mesas son más amplias de lo que cabría esperar por el reducido tamaño del local en el que sólo hay 14 mesas y están bien separadas entre sí. La poca luz y el ambiente recreado consiguen crear un ambiente romántico.

 Detalle de mesa Detalle de mesa

Nada más entrar, nos recibieron dos camareros con sonrisas de oreja a oreja y a continuación, la mujer que nos iba a servir nos acompañó hasta nuestra mesa y en cuanto nos sentamos, lo primero que nos preguntó fue si queríamos beber algo.

Mientras estábamos apreciando la sobria decoración de la sala, nos trajeron la carta de vinos, que nos impresionó gratamente, ya que pese a ser una carta no muy estensa, estaba bien distribuida por Denominaciones de Origen. Al final nos decidimos por un Marqués de Riscal Verdejo ya que íbamos a tomar pescado.

Sacha tiene ascendencia gallega, lo que se nota en la carta, en la que  abundan elaboraciones de dicha provincia. Sin embargo, como es un cocinero como la copa de un pino, es tontería destacar más platos, ya que Sacha es el típico sitio en los que cada día hay que probar una cosa diferente y siempre dejarse asesorar por los platos del día. Falsa lasaña de erizos de mar Falsa lasaña de erizos de mar Huevos con almejas en salsa verde Huevos con almejas en salsa verde

En cuanto a la oferta gastronómica de Sacha, cabe destacar que si bien no estamos ante una carta larga,la decisión se hace complicada, porque según vas avanzando con su lectura, la boca se te hace agua. Cuenta con platos maravillosos y la presentación es francamente buena. La mayoría de los platos son únicos y su forma de prepararlos merece todos los elogios.

Entre los entrantes, nos decidimos por la Falsa Lasaña de Erizos de mar, plato que no te podrás ir sin probar ya que es uno de las referencias estrella de la casa, y he de decir, ¡que es una maravilla! ¡Menuda delicadeza de plato y ¡que sabor a mar! ¡Sensacional!; la tortilla baga confitada de morcilla tampoco se quedó atrás. ¡Imperiosa! ¡Para subirla a un pedestal! El mismo Sacha salió de la cocina para contarnos el secreto de esta tortilla: cuando corta la patata, la deja tan fina que cuando la fríe, no puede darle la vuelta, de ahí el calificativo  de baga. Todo unido a ese toque tan característico que le da la morcilla, ¡hacen un plato 10!¡Para aplaudirle! ¡Sí señor!.

Entre los segundos, mi amigo Josito se decidió por el steak tartar que tiene mucha fama. Mientras que yo lo hice por el lenguado a la meuniere, pero como se les había terminado, me recomendaron la raya que es uno de las grandes especialidades de Sacha. El steak era un plato muy armonioso en el que la carne era de gran calidad, bien trabajada a cuchillo, lo que junto a ese toque tan alegre  gracias a la mezcla de ingredientes que se iban incorporando poco a poco para conseguir ese punto ideal. Y si a todo esto le añadimos el detalle de dejárnoslo probar antes de darle el punto y final con la mostaza, el tabasco y la pimienta, ¡nos gustó muchísimo más!.

Yo me dejé recomendar por el chef, atreviéndome a probar la Raya templada por encontrarnos ante el plato estrella de Sacha, además de ser más difícil de encontrar en otros restaurantes y sinceramente , ¡Sacha la borda!. Venía servida a la manteca negra, lo que le da un toque muy sutil a este pescado,  que venía acompañada por una bilbaína con ajo, perejil y alcaparras. ¡Me dejó cautivado! como era posible que un pescado que tiene la fama de ser tan duro y difícil de comer rico, pudiera estar tan jugoso y suave como si fuera un rodaballo. ¡Que espectáculo! Y cuidadín cuidadín al toque que le daba la manteca negra bien mezclada con el ajito, el perejil y las alcaparras. Según iba comiendo se me iba cayendo la lágrima ¡de pura alegría y emoción! Raya cocinada a la mantequilla negra Raya cocinada a la mantequilla negra Steak tartar Steak tartar

 

De postre, el nivel gastronómico se incrementó exponencialmente ¡y mira que era complicado! con unos platos caseros ¡que están de muerte! Mi consejo: dejaros un hueco ¡ya me lo agradeceréis!

Nosotros elegimos su plato estrella: las estupendas Filloas y el exquisito Postre de chocolate que nos emocionaron . ¡Menudo festín!. Filloas Filloas Postre de chocolate Postre de chocolate

Luego nos invitaron a unas copas muy bien servidas que estaban buenísimas y pusieron la guinda a una velada ¡muy especial!

¡A Sacha hay que ir a disfrutar de su gran cocina!. Detalle de mesa Detalle de mesa

¡Y ojo al dato! Cuando llega el buen tiempo, ese callejoncito se llena de mesas ¡para disfrutar del buen tiempo con una cocina espectacular!

En cuanto al precio, con una cena llena de fabulosos manjares cocinados a la máxima perfección, ese día salimos a 70 euros por persona, incluyendo la propina, por lo que salimos muy contentos teniendo en cuenta que, como he dicho, es un sitio en el que te tratan fenomenal y disfrutas de maravillosos manjares, muy difíciles de encontrar en otro lado, por lo que la experiencia ¡merece mucho la pena!

Resumiendo, uno de esos lugares a los que todo aficionado a la buena cocina debe ir alguna vez en la vida ¡o muchas más!

Dirección: c/ Juan Hurtado de Mendoza, 11, 28036, Madrid, España

Teléfono: 91 345 59 52

Web: n/d

Horario:

de lunes a sábado de las 13:00 hasta las 16:30 y de las 20:00 a las 24:00

Tipo de cocina: española, mediterránea, de autor

Precio medio: 60:80€/persona