El pasado mes de octubre estuve celebrando el aniversario de mis padres en el Llar.

Está situado en el barrio de Chamberí, concretamente en la zona de Arapiles, zona en la que es complicado aparcar, pero en la calle de al lado, Donoso Cortés, tienes un parking en el que ¡podrás olvidarte del coche!.

Otra de las grandes ventajas de este restaurante (que yo valoro un montón) es lo bien insonorizado que está, porque pese a ser pequeño y estar siempre de bote en bote, la conversación fluye tranquilamente sin tener que ponerse a dar gritos para que el resto de comensales te oigan.

Y sin más tiempo que perder, ¡os cuento nuestra experiencia! ¡Cuidado! ¡Vienen turbulencias!

Nada más entrar por la puerta, salieron a saludarnos muy cariñosamente todos los miembros del personal con Hilario y su mujer a la cabeza que me dijo «¡Uy» Sólo nos queda una ración y pequeña de flan de queso que tanto te gusta. Te la voy a guardar. Da gusto encontrar restaurantes en los que te traten tan bien.

Nos colocaron en una mesa que estaba al fondo del local y en cuanto nos sentamos, lo primero que hicimos fue pedir unos lomos de merluza de Cudillero para que fuera comiendo el peque de la casa.

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  • A continuación, empezamos a mirar detenidamente la carta para ir eligiendo a la vez que se nos hacía la boca agua. Al final, pedimos para compartir unas croquetas de Cabrales, un pastel de cabracho, un chorizo a la sidra y unas gambas a la plancha. De segundos, un cogote de merluza para mi madre, un churrasco para mi cuñado, un lenguado de roca para mi hermana, unos fritos de pixín para mi abuela, un escalope para mi padre, una merluza a la sidra para una tía, para la otra tía un besugo y yo otros lomos de merluza de Cudillero ¡que están de muerte!.

En cuanto que se marchó el camarero, vino la mujer de Hilario con los lomos de merluza de Cudillero para mi sobrino. ¡Y debían de estar riquísimos? ¡Porque se lo comió enterito! ¡Hasta las patatas!

Luego llegaron las croquetas de Cabrales y  el pastel de cabracho, que fue por el que empezamos. ¡Madre mía!¡delicioso sabor a mar! ¿Y la testura? ¡Deliciosa! Como no te dieras prisa para untarlo en las tostaditas, ¡te lo encontrabas en el plato! En definitiva, ¡Comienzo espectacular! De hecho, ya sé donde vamos a comprar el pastel de cabracho ¡para el día de Navidad!

¿Y las croquetas? ¡Manjar de Dioses! Con una bechamel muy cremosa y un rebozado muy suave, lo que junto al profundo sabor a queso Cabrales y lo bien fritas que estaban, ¡le dieron ese toque genial!

A continuación llegó el chorizo a la sidra. Un plato muy rico que venía acompañado con una salsita ¡de coge pan y moja! ¡Que delicia!

¡Pero ojito a las gambas! ¡Que formidable sabor a mar! ¡Y que tamaño! Sencillamente ¡espectacular!

Cuando terminamos las magníficas delicatesen, estuvimos jugando con el chiquitín mientras compartíamos las maravillosas impresiones sobre los primeros platos que habíamos tomado.

Pero, ¡todavía quedaba lo mejor!

Lo primero que trajeron fue el cogote de merluza, la merluza a la sidra y el lenguado de roca. Después llegaron las carnes y,  por último, el besugo, los fritos de pixín y los lomos de merluza de Cudillero. Según iban llegando los platos, ¡las admiraciones iban subiendo de tono!

Y por arte de magia, ¡Se hizo el silencio! Todos nos pusimos a gozar con las exquissiteces que nos habían presentado. ¡Estaba todo de muerte! El cogote se deshacía en la boca, los fritos de pixín tenían un sabor soberbio y un rebozado muy fino y delicado, razón por lo que mi abuela salió encantada. El lenguado de mi hermana era digno de subir a un pedestal. ¡Dios mío! ¡Que plato tan rico! Al igual que lo estaban la merluza a la sidra y el impresionante besugo a la espalda. ¿Y las carnes? Doy fe que eran bocata di cardinale. Pero, ¡Ay Dios! ¡Que ricos estaban los lomos de merluza de Cudillero! ¡De película! ¡Pero cuidado al pincharlos! ¡Que se rompen!  ¿Y el sabor? ¡Impresionante! Todo ello combinado con unas sensacionales patatas panaderas ¡que eran de vicio! gracias en Buena parte a lo bien fritas que estaban y ese sabor con recuerdos a ajito recién tostado. De hecho, cuando se acercó Hilario, nos explicó que ellos cortan las patatas muy finas como si fueran para tortilla, y las fríen en una sartén con el aceite muy caliente poniendo encima unos dientes de ajo que luego retiran a la hora de servirlas. De ahí ¡el inconfundible toque especial!¡Mummm! ¡Que ricas!

¡Ah! ¿Y de postre? ¡Como no! Un fabuloso y cremoso arroz con leche, el pistonudo flan de queso que se deshacía en la boca dejando un recuerdo a caramelo delicioso y una extraordinaria y fina tarta de manzana recién hecha ¡para chuparse los dedos! y ¡de ambas manos!

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  • Sin lugar a dudas, ¡uno de mis restaurantes favoritos de Madrid! ¿Y porqué? Muy sencillo: se come fenomenal, pero quizás lo más llamativo sea el trato y cariño con el que nos tratan. Si eres capaz de levantar la vista de sus generosas y ricas raciones puedes observar la continua relación con sus clientes, el buen rollo que contagian vale por sí solo para confiar en ellos. Hablando de confiar, dejad que Hilario os asesore sin miedo a que os vaya a meter un clavo, todas las opciones son siempre razonables y sabrosas. Si existiera un medidor de fidelidad, seguro que EL LLAR arrasaría, clientela hiper fiel, dan de comer a medio barrio y a la mitad de los de al lado.
    Su secreto: trabajo, equipazo, cuidar materia prima, cocina y una relación con los clientes insuperable.Tarjeta (anverso)

¡Corre! ¡vuela! que el restaurante El Llar ¡te espera!

Dirección: Calle Fernandez de los Rios 11, 28015 Madrid, España (Chamberí)

Horario: de 13:30 a 00:30

Tipo de cocina: asturiana

Precio medio: 30-40€/persona

 

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