El jueves pasado estuve cenando en este fabuloso restaurante de la calle Alberto Alcocer. ¿Por qué motivo? Porque mi mejor amigo, el gran José Muguiro venía a España y ¡eso era un motivo suficiente como para celebrarlo!

El lugar elegido fue el Qüenco, no el de Pepa, que quizá sea más conocido, sino el de sus padres. El restaurante tiene el mismo concepto que el de sus dos hijos “El Qüenco de Pepa” y “La Chamartina”. Una carta con productos de primera calidad haciendo especial honor a sus formidables verduras donde los tomatones son los reyes de estos tres restaurantes.

Pero, sobre todo, destaca su gran trato amable y muy atento con un salón muy acogedor y decoración sobria, por lo que sentirse como en casa ¡no es nada raro!

Y bueno, sin haceros esperar más, paso a contaros ¡lo más importante!

¡Cuidado! ¡Que se acercan turbulencias!

Nada más llegar al local, lo primero que hicieron fue saludarnos con una sonrisa de oreja a oreja con especial incapié al Sr Muguiro. Yo me quedé pensando: Es imposible ir a un restaurante con mi amigo Josito donde no le conozcan.

Lo primero que hizo mi gran amigo fue pedir la carta de vinos, y en cuanto se la trajeron, ya nos conquistaron nuestros corazones y sobre todo nuestros estomaguitos con un plato de tomate y cebolla picadito como si se tratase de un machado. ¡Que espectáculo!

Y en cuanto estuvimos los seis amigos sentados a la mesa, empezamos a tomar sabias y difíciles decisiones, porque todo tenía una pinta bárbara.

Para compartir (y no discutir) pedimos una ensaladilla rusa, unos huevos estrellados con patatas, jamón, pimientos de Padrón y ¡como no! un tomate con ventresca. ¡Que delicia! El tomate era puro lujo lleno de sabor y acompañado de la formidable ventresca ¡fue el mejor comienzo para una reunión de celebración!

A continuación, llegó la ensaladilla que tenía una pinta magnífica, ¡pero no te quiero contar como estaba! ¡Para echarse a llorar! ¿Y los huevos? ¿Puro placer!

Y después, ¡A gozar! ¿Que viene el baile de sensaciones! Con un lenguado de roca a la plancha, una lubina a la espalda, unos lomos de merluza a la romana, un rape con pisto y dos cabrachitos, ¡Empezamos el rock and roll!

Tanto el lenguado como los filetes de merluza ¡estaban de primera!, la lubina a la espalda ¡Estaba de muerte!, pues el rape con pisto era ¡Bocatta di cardinale!, pero ¡ojo al dato! los cabrachos o tiñosos ¡De fantasía! Era la primera vez que comía cabracho, porque el pastel de cabracho lo he comido muchas veces y soy un gran fan de este plato, pero siempre me había quedado con las ganas de probar el genuino cabracho, pese a que me habían dicho cienes y cienes de veces que tenía un montón de espinas y que era duro.

¡Pues nada de eso! Con un profundo sabor a mar y a roca ¡como los buenos pescados del Cantábrico! estaba sensacional, y además al venir sin espinas y acompañado de las excelentes verduras, fue un plato ¡Digno de 10!

¡Y claro está! Como buenos gourmets, no nos pudimos resistir a los maravillosos postres. ¡Cuidadín cuidadín! ¡Que nos aproximamos a una zona con interferencias!

Mi amigo Enrique pidió una tarta de limón con merengue que estaba ¡De pivones! el helado de turrón de mi amigo Nuño era superior. El helado de vainilla y chocolate de Josito estaba tan rico hasta decir basta, mi amigo Willy pidió una tarta de dulce de leche que era pura fantasía y ¡la mejor! mi tarta de chocolate negro y chocolate blanco ¡Digna de un premio Repsol!

Todo esto bien regadito con dos o tres botellitas de “Marqués de Riscal reserva”. ¡Menuda diversión! ¡A grandes males, grandes remedios!

¡Podría haber un final mejor? ¿Seguro que no!

Dirección: Calle Alberto Alcocer, 26, 28036, Madrid, España

Teléfono: 914579764

Horario: de lunes a sábado de 13:30 a 16:00 y de 20:30 a 0.00

Tipo de cocina: mediterránea, española, de mercado

Precio medio: 40€/persona