El marucho es un restaurante de Santander situado en un barrio que hace unos 20 o 30 años daba un poco de miedo caminar por sus calles. Pero actualmente ha sufrido una gran transformación.

Está especializado en guisos, pescados y mariscos típicos de la zona y todo tiene una pinta deliciosa. Su secreto tener la mejor materia prima recién pescada en el mar y una cocina tradicional con un cocinero con una amplia experiencia al frente de los fogones.

El local es muy pequeño, y está dividido en dos plantas. Para que veáis que no exagero ni una pizca, os voy a contar una anécdota de cuando mis padres conocieron el Marucho, hará unos 35 años.

Cuando pedías un centollo, bogavante o  unas nécoras, te traían un mazo y una tabla de madera para que consiguieses hacerte con el bichillo. El problema era que claro, cuando pegabas el mazazo, ponías perdido a todo el mundo, razón por la que mis padres siempre me han sugerido: Al Marucho había que venir con chubasquero puesto.

Pero si esto no fuera así estoy seguro que el Marucho perdería su encanto y no tendría tanto éxito.

Fíjate que yo he ido a este restaurante desde que tenía 6 años y para mí el Marucho sigue siendo mi restaurante favorito de Santander por múltiples motivos entre los que destacaría lo bien que se come, el excelente trato de todas las personas que trabajan aquí, el tener un ambiente que te hace sentirte como si estuvieras sentado a comer en un barco pesquero, en definitiva, una sensación de cercanía y disfrute.

Pues bien, una vez realizada una merecida introducción, os cuento lo que pedimos cada uno de los dos días que asistimos al Marucho mis padres, Hermana, cuñado, una amiga de mi madre y yo.

Nada más sentarnos mi madre nos empezó a picar contándonos que en el Marucho hay unos guisos que tienen una pinta bárbara como los calamares en su tinta, el marmitaco, la sopa de pescado, etc, comentario que nos sembró de  dudas entre probar uno de esos excelentes guisos o pescados de roca tradicionales del Cantábrico como el san Martín pescador, el machote o el cabracho, o decidirnos por algo para picar y luego un centollito o necorita. Comentario tras el que se levantó y dijo: “Voy a ver a mi cocinero”. Menuda sorpresa se llevó cuando vio que no estaba, razón por la que inmediatamente le preguntó a Maite que es la persona que está al frente del Marucho ¿Y dónde está “mi cocinero”? Todos nos quedamos muy tranquilos cuando nos enteramos que solo estaba de vacaciones y no se había jubilado que era el miedo que teníamos.

Y de vuelta a nuestra pelea interna al respecto de qué pedir, al final, nos decidimos or elegir todo para compartir y no discutir: puding de cabracho, rabas, percebes, almejas o bígaros y un centollo.

El primer plato que llegó a la mesa fue el puding de cabracho (el más rico que puedas comer nunca). ¡Me vuelve loco! ya que su testura suave y profundo sabor a cabracho, explican, y de sobra, los motivos por los que le doy el calificativo de ¡mi favorito!

A continuación llegaron las rabas muy bien fritas como me gustan a mí, haciendo círculos, con un rebozado muy suave y con un profundísimo sabor a mar y una testura ¡ideal! ¡De locura!

Después Unos percebitos, pequeños, sí, pero con un sabor a mar ¡espectacular!.

Luego un día pedimos unos bígaros y el otro unas almejas a la marinera. ¡Qué espectáculo! Y eso que la salsa de las almejas no estaba tan rica como la de siempre. Y los bígaros eran insuperables ya que tenían un regusto a mar que era inolvidable.

Pero el rey de todas nuestras visitas al Marucho siempre ha sido, es y será el centollo con su cabeza preparadita que ¡está de fábula!. ¡Menuda locura! El primer día nos trajeron un bichito desgarvado que no tenía buena impresión, pero ¡Qué equivocados estábamos! Estaba jugosísimo y tenía carne hasta en la uña ¡Fantástico! Y el día que repetimos, ¡también estuvo todo fabuloso y fresquísimo! ¡Qué gran recuerdo!

De postre un día elegimos dos mousse, una de chocolate y otra de limón y el segundo día una tarta de queso, otra de Santiago  y una mousse de limón.

Todo era magnífico e incluso me atrevería a decir que de los mejores postres que he tomado en mi vida. La tarta de queso y la mousse de limón sin lugar a dudas. La primera con un profundo sabor a queso cántabro y un bizcocho muy suave y sabroso. ¡De 10! y la mousse de limón era ideal: tenía un profundo sabor a limón, pero a su vez, la testura era muy cremosa y junto a tener la temperatura ideal, ¡nos supo de maravilla!

La de chocolate, que me pirria, también era formidable. La verdad es que se nota perfectamente que es puro chocolate negro con un porcentaje muy elevado de cacao porque ¡está de muerte!

Todos estos manjares con doble o incluso triple bebida por persona al magnífico precio de 30 euros/persona. ¡Sencillamente impresionante!

 

Dirección: calle Tetuán, 21, 39004, Santander, España

Teléfono: 942 22 55 62

Aparcamiento: calle Tetuán
Terraza: no
Tarjetas: sí
Comida para llevar: sí
Reservas: no
Horario: abierto todos los días
Tipo de cocina: cántabra
Precio medio: 20 – 30 euros/persona